domingo, 18 de abril de 2010

Corazón loco

(No te puedo comprender corazón loco)
La veo ir y venir dice que no está enamorada. Y lo está
La veo escribir pequeñas notas, ensaya la escritura, las frases amorosas
La veo cambiar el vestido, usar tacones, sonreír, dice que no está enamorada. Y lo está.
Lo veo a través de sus ojos cada vez que lo nombra, un hombre afortunado me digo.
Lo veo leyendo el mensaje agradeciendo el obsequio quizá con un beso, con una caricia.
Lo veo caminando junto a ella, de su mano, quizá huyendo de la lluvia de estos días.
Los veo en un largo abrazo que une a dos y que son uno. Sólo uno.
*
(No te puedo comprender corazón loco)
Me causa azoro este amor. El mío.
Un sobresalto apenas perceptible, esa ansiedad placentera cuando la miro sin que ella lo note. Y a diferencia de otras épocas, no voy a huir. No voy a inventarme historias. La historia es ésta.
No te puedo comprender corazón mío.
*
Ella dice que nada es eterno. Y esta amistad apenas tiene unos cuantos meses. Acaba de nacer. Veinte años atrás.

viernes, 16 de abril de 2010


La tropa zapatista: Enith, Domitila, Emma y Amanda en el homenaje a Zapata (10 de abril, en Cuatla, rumbo a Anenecuilco y Chinameca)

jueves, 15 de abril de 2010

Alguien lee en un diario local una nota sangrienta. La crónica de un accidente automovilístico: "jóvenes universitarios a punto de morir en una explosión".
Alguien se interesa por las fotografías impresas en color y reconoce un cuerpo. Un nombre. Una historia.
*
¿Pensar en ti? Es la primera interrogante que surge después de un largo después. Después.
*
Pensar en un cuerpo quemado.
Pensar en un cuerpo fragmentado.
Pensar en un tu cuerpo.
*
Pensar en ti después de un largo verano: la lluvia cubría las montañas y yo fumaba y fumaba y fumaba.
*
Leo la nota. Leo un nombre. El tuyo.
*
Las ideas como humo en mi cabeza.
*
Por fin, la decisión: una nota en el msn.
*
"cuatro días en el hospital de Córdoba" me dice.
*
Es que alguna mañana padecemos la luz, como si fuera el día aquel en que empezamos a romper el hielo.

viernes, 9 de abril de 2010


Uy! qué miedo!

miércoles, 7 de abril de 2010

Non mi avrete mai come volete voi!

martes, 6 de abril de 2010

Hoy
(YO EXPONGO!!!)
Artículo segundo constitucional. Los derechos de los pueblos indígenas en México
Derechos Humanos y Garantías Sociales
Especialidad en Derechos Humanos
Posgrado, Facultad de Derecho, UNAM
*
del 7 al 10 de abril
Centenario de la Rev. Mexicana
homenaje a Emiliano Zapata
Conferencia Magistral: Arnaldo Córdova
Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM

domingo, 4 de abril de 2010

Des-encuentro(s)
Un incidente tan minúsculo, tan insignificante disparó la ira, mi ira infantil. Esa emoción tan asfixiante... Tiene nombre, tiene rostro. Y debo empezar a trabajar, a elaborar este aparente sin sentido.

Carretera. Viaje. Lugar. Retorno. Maleta. Libros.

Mis libros. Por qué siempre he de viajar con una pila de libros, a veces los mismos. Aunque debo reconocer que tengo una extraña obsesión por la lectura, por libros recién editados, por las pastas gruesas y las hojas finas. Porque encuentro un placer al tocarlos. Al subrayarlos. Al escribir en sus márgenes como si intentara reescribirlos. Algo así. Estos libros, los de la bolsa azul son todos nuevos. Lo eran. Ahora van de regreso junto con la libreta de notas.
*
Mamá no se cansa de darme siempre las mismas indicaciones. Su bendición. Eso me hace sentir protegida, otras tantas debo confesarlo, me he sentido muy tonta como si no pudiera hacerme cargo de mí misma. Y entonces, justo ahí aparecen ellos, mis hermanos mayores atentos a tantas observaciones como si me marchara por meses y fuera una completa incapacitada, inclusive hasta para cargar con mi maleta. Eso pasó hoy. La maleta llevaba lo mismo de siempre: mi ropa limpia, jabones de pasta y polvo y shampoo. Películas que no vi. Medicinas. Mi cámara fotográfica. Nada que no fuera lo de siempre. Y la reservas para la noche. Mamá siempre insiste en el peso de la maleta y en que mi hermano debe cargarla. Mi hermana jamás ha se ofrecido a ayudarme en nada. Y entiendo perfecto que nadie puede ofrecer lo que no puede o no quiere. Así que yo insisto en cargar mis cosas. Son mías le digo a mamá mientras mi hermano se aleja. Tu bendición mamá, tu bendición. Eso es sólo único que necesito. Y la abrazo.

El incidente llegó después del largo caminar siguiendo su huella, hasta que apareció el camión. Te subes o te quedas sentenció. Me quedé en la carretera absorta. Enojada como cuando niña. No sé cómo arribé a la siguiente estación de autobuses. Compré mi boleto y subí y justo ahí estaba él. Mi hermano mayor sentado leyendo el periódico, me miró con dureza: atrás hay lugares. Alcé los hombros y seguí al fondo. Ahí estábamos los dos otra vez. Los dos. Ahí estaba también un viejo pasaje infantil nuestro. Tan familiar.
*
Tan familiar fue irme a sentar al rincón como niña regañada. Ese espacio reconocido por años también se trasformó en un instante. Quedé en medio de dos jóvenes. Y la conversación no se detuvo hasta que llegamos a la ciudad. Fue como subir a la montaña rusa: risas, chistes, alegría. Concepción es vecina de la comunidad y Gil es un joven poblano avencidado en la Lagunita. Un diálogo respetuoso y franco. Casi mágico. Ninguno de los tres intercambíamos números telefónicos --hay algo de mágico en esos encuentros fortuitos que nos alivian el espíritu--, tengo en cambio sí, sus miradas alegres y ese nuevo saludo en lengua indígena: K'imi!, k'imi.

Datos personales

Mi foto
Vivo en Amsterdam 62. Bis.