viernes, 27 de junio de 2008

Nan
Una tal Nan me ha devuelto el ánimo morboso. La sigo desde todos los ángulos posibles. Mi vista es frontal. Mis ojos se clavan en su cuello. Son dos órbitas imantadas a un tallo suave. Una caricia instántanea cuando articula mi nombre. Entonces ella atrapa con sus labios mis ojos y los besa. Es Nan quien desvela mi sueño. La mirada oblicua cuando su cuerpo-fantasma desaparece en el aire. La fiebre me hunde en una pesadilla perversa: muerdo su piel, trituro sus cuerdas hasta dejar de oír un nombre. La sangre inunda mi garganta. Despierto. Dos caracoles atraviesan mi cuerpo. Lentos. Mis ojos extraviados la persiguen "Nan, Nan, Nan".

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